El debut de Led Zeppelin supuso toda una revolución. Hasta entonces muchas de las bandas de rock apostaban por un sonido bastante tradicional en cuanto a las influencias de los clásicos del blues y el rock n' roll americanos. A finales de la década de los 60 comienzan a surgir nuevas formaciones que buscaban un distanciamiento con el sonido original de aquellos artistas. Bandas como Deep Purple, The Jimi Hendrix Experience, Black Sabbath o los propios Led Zeppelin tenían una fuerte influencia de aquellos sonidos añejos del blues de artistas como Willie Dixon, Muddy Waters, John Lee Hooker o Jimmy Reed junto con el rock n' roll americano, surgido en los años 50, de artistas como Buddy Holly, Chuck Berry, Bill Halley o el mismísimo Elvis Presley. La principal característica de aquellas bandas de finales de los 60 era buscar una amplificación más fuerte en aquellos sonidos blueseros y rockeros para sentar las bases de los que sería el futuro heavy metal (perfeccionado por bandas como Judas Priest, Iron Maiden o Motörhead a finales de la década de los 70 y principios de los 80) y del hard rock que predominaría, sobre todo, en la década de los 70.
El disco que hoy nos ocupa supuso uno de esos puntos de partida para la creación de diversos subgéneros que derivaron del rock más duro surgido desde entonces. Por otra parte, la composición del álbum no es que fuera demasiado original ya que muchos de los sonidos provenían directamente de todas aquellas influencias mencionadas anteriormente pero desde luego supuso toda una revolución por la intensidad y la rapidez (en muchos casos) con las que se tocaban esos temas. Por tanto se puede hablar de una clara evolución del sonido blues y rock desconocida hasta entonces y que consiguió atraer a toda una generación de jóvenes dispuestos a que el mundo escuchase sus ansias de libertad, de paz y de amor como respuesta a las guerras y a las injusticias de una sociedad que avanzaba hacia profundos cambios sociales y culturales.
A modo de conclusión podría decir, incluso, que la formación de Led Zeppelin sería el prototipo perfecto de banda de hard rock: una formidable sección rítmica formada por el batería John Bonham y el bajista/teclista John Paul Jones, un guitarrista lleno de virtuosismo y calidad como Jimmy Page y un vocalista de blues capaz de llegar a cantar altos registros y además tener un gran carisma. Desde luego el mundo del rock le debe mucho a estos genios.



